Archivo de la etiqueta: jorge Bucay

Sólo será poco tiempo…espero

images1Hola , espero que esten bien chicos, siento decir que por fuerza mayor estaré fuera por algunas 3 semanas lo que pasa es que voy a mudarme de apartamento y necesito buscar y arreglar todas mis garritas , creo que me va a sentar bien el cambio , algo más barato  estoy estrangulandome con la renta  , por otro lado el cambio e instalacion de internet que por cierto la última vez dilato una semana asi que si no me ven por sus blogs ya lo saben pero regreso hay tanto que ver tanto que saber,contar, tanto que comentar , aprender de todos  y sepan que los guardo muy cerca han sido muy valiosos para mi a todos los amigos del blog roll no me borren eh que yo regreso como me llamo Patricia estoy bromeando jeje  asi que aqui les dejo una historia chistosita tomada del libro de Jorge Bucay  de la autoestima al egoísmo:

La madre vio a la hija que se preparaba para salir esa noche con su jefe, quien la había
invitado por primera vez. Mientras la muchacha, que tenía diecioch0 hermosos años muy bien
puestos, se maquillaba, la madre empezó a llorar…
¿Qué pasa mamá? —preguntó “la nena”.
Es que yo sé lo que va a pasar esta noche —dijo la madre.
¿Qué va a pasar esta noche, mami?
Esta noche, hija, tu jefe te va a venir a buscar ( un auto lujoso.Te va llevar a cenar a uno de
esos lugar caros con velas y músicos que tocan el violín entre las mesas. Después te va a llevar a
bailar y a tomar una copa en algún lugar oscuro y mientras estén bailando te va a decir de lo linda
que eres y todo eso…
Bueno, mamá. ¿Y qué tiene eso? —pregunta la
hija.
• Que después te va a invitar a conocer su casa.Yo sé como va a pasar todo.
• ¿Y?
Y la casa va a ser uno de esos departamentos modernos que tienen un balcón desde donde
se ve el río. Y entonces mientras miren por el balcón él va a poner música y va destapar una
botella de champagne. Va brindar por ti y por el encuentro y te va a invitar a mostrarte la casa…
Y ahí es donde podría pasar la tragedia.
¿Cuál tragedia, mamá?
Cuando lleguen al dormitorio, él te va a mostrar la vista desde allí y te va dar un beso; eso
no me asusta. Pero después, hijita, después él te va a mostrar la cama y se va a tirar encima
tuyo. Y si tú le permites que se acueste encima tuyo, yo me voy a morir.Y si yo me muero tú vas a
cargar con esa culpa por el resto de tu vida… ¿Entiendes por qué lloro, hija? Lloro por ti, por tu
futuro.
Bueno, mamá, quédate tranquila. No creo que pase eso que dices.
Acuérdate hija, acuérdate… Yo me muero, acuérdate.
A la hora señalada, un auto importado carísimo para enfrente de la puerta de la familia.
Toca la bocina, la hija sale, sube y el auto parte…
A las cinco de la mañana “la nena” vuelve a casa. La madre, por supuesto, está despierta
sentada en el sillón.
• ¿Y, hija? ¿Qué pasó? Cuéntale todo a tu madre.
• Mami, ¡es increíble! Todo fue como me dijiste. El restaurante, el baile, el departamento,
todo.
• ¿Y..? ¿Y..?
Pero cuando llegamos al dormitorio y él quiso subirse encima de mí, me acordé de ti, mami.
Me acordé de la culpa que me iba a quedar si tú te morías.
Muy bien, hijita.Y te fuiste…
No. Me acosté YO encima de él. ¡Que se muera la madre de él! jajajajajaja que cambio de situación, los extrañaré besos Despeinada.ikmages

15 comentarios

Archivado bajo amigos, historias, leer, libros, personales

Dos relatos para ir a dormir

Hoy fue un dia agotador  , un buen libro y su lectura relajan la mera verdad , quiero compartir estas dos historias espero les resulte curiosas como a mi saludos y buenas noches despeinada :

El pervertidorcine
La primera y última vez que fui a ver una película pornográfica al cine, esperaba encontrarme con espectáculo
tanto en la pantalla como en el público: me imaginaba que abundaban las parejas que iban saciar su apetito
carnal por el placer de hacerlo en público. Eran los últimos tiempos de los cines del comercial Montserrat, que
con esas funciones estaban dando los últimos estertores de vida. Contrario a lo que manda la ley, la función
empezaba a las 7 de la noche y yo dispuse llegar a las 7:15, no fuera ser que me encontrara con gente que veía
en la misa de los domingos. Pagué mi boleto y entré.
Lo más común es que en los cines uno entre por atrás de los asientos, pero en esta sala la cosa era al revés y
uno tenía que pasar enfrente de todo el mundo para buscar su lugar. Entré lo más rápido posible, y me
encontré con tres chavos que se quedaban viendo desde el pasillo, porque no se atrevían a entrar y pasar
enfrente de todos. Después de que pasa la ceguera inicial, uno empieza a ver a su alrededor cuando no hay
acción en la pantalla. Por más que busqué no encontré a ninguna pareja que diera espectáculo, pero sí dos
chavas que decían ay qué chish cuando había sexo oral. Las muchachas habían sido inducidas al pecado por un
sonriente cuate con gorra de los rojos y uniforme de Paiz.
—Mirá, mirá hombre, para eso vinistes —le dice el chavo calientón a una de las mujeres.

—No —dice la muchacha tapándose los ojos—, ¡qué asco!
—¡Qué cochina! —dice la otra— ¡y se lo está tragando!

Y aunque ponían sus caritas de asco, se vieron la película hasta  el final, ante los reojos lujuriosos que a cadavideos-de-pucca-y-garu-en-cine1
tanto les lanzaba el pervertidor suertudo.
tomada  de la máquina de la nostalgia de José Joaquín López.

CODICIA
Cavando para montar un cerco que separara mi terreno de el de mis vecinos, me encontré enterrado en el jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mi no me interesó por la riqueza, sino por lo extraño del hallazgo.
Nunca he sido ambicioso y no me importan demasiado los bienes materiales…
Después de desenterrar el cofre, saqué las monedas y las lustré.
(¡Estaban tan sucias y herrumbradas las pobres!).
Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente las fui contando…
Constituían en sí mismas una verdadera fortuna.
Sólo por pasar el tiempo empecé a imaginarme todas las cosas que se podrían comprar con ellas…
Pensaba en lo loco que se pondría un codicioso que se topara con semejante tesoro…
Por suerte…
Por suerte no era mi caso…
Hoy vino un señor a reclamar las monedas.
Era mi vecino.
Pretendía sostener, el muy miserable, que las monedas las había enterrado su abuelo y que por lo tanto le pertenecían a él.
Me dio tanto fastidio…
… que lo maté!
Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas
se las hubiera dado,
porque si hay algo que a mí no me importa,
son las cosas que se compran con dinero…
Pero, eso sí,
no soporto la gente codiciosa…

tomado de cuentos para pensar de Jorge Bucay

ver tambien Desagradable.monedas1

7 comentarios

Archivado bajo cuentos, historias, libros, relatos